LA
HERENCIA
Con la mirada desde el
monte frío a la selva espesa.
Por mares de luces
vibrantes de vida mi barca navega.
Por todos los anchos mares
de la tierra.
Con sangre de felino y el
corazón por bandera,
juré ante los cuatros
horizontes que nada ni
nadie me detuviera.
Hasta no quedar huella en
la tierra y unas sendas abiertas.
Caminaré sin descansar por
prados, montes,
selvas y cogeré los frutos
de la tierra y los
guardaré en las despensa.
Sembraré en los campos
semillas
y en los árboles haré
nidos para los que
algún día por aquí vengan
y dejaré con mancha de sudor
y sangre marcada mis
huellas.
Me marcaré sinfines de
metas extensas
no descansaré aunque me
falte las
fuerzas bravuras tenaces
me esperan,
seré como aquel medieval
guerrero
que asaltaba fortalezas.
No quisiera marcharme de
aquí
sin dejar de herencia un
espejo de luz del
Sol y las estrellas
destellos de luces
que irradien en mis
fuerzas por
senderos, caminos, prados
y dehesas días audaces me esperan.
No quisiera marcharme de
aquí
sin ver crecer el tallo
tierno de Abril.
No quisiera marcharme de
aquí
sin ver a los niños y a
las niñas reír.
Destellos de luces por
prados, caminos y dehesas,
senderos en la vida que no cesan.
Con sudor y sangre cultivaré la tierra y
dejaré los frutos en la despensa.
Me marcharé tranquilo a
descansar
la siesta de la conciencia de haber
dejado a mis hijos la
mejor herencia.
Voluntad, amor, derroche
de nobleza,
cotas amplias, vías
abiertas.
No tengo casa, ni cortijo,
ni hacienda
sólo tengo la frente
limpia y en la ropa
huellas de los días
vividos en la faz de la tierra.
Dejar quisiera mieles,
abrigos y el calor de la hoguera.
Dejar quisiera un mundo de
limpios entornos en las veredas.
También quisiera que los
hombres de ciencia hagan obras de arte en medio el camino de los que vengan.
Con la mirada desde el
monte frío a la selva espesa.
En mares de luces amplias
de vida mi barca navega.
Mi mente fría sueña y
sueña con los ríos
de oro por mares y por
tierras.